17 de marzo de 2015

LA GUARDIANA DE LOS RITUALES.

Entrevista a Sobonfu Somé.

Su nombre significa "la que mantiene los rituales" y fue criada desde niña con ese fin. Luego tuvo que partir de su poblado, Dano, y viajar por el mundo para compartirlo.

Su sabiduría es profunda y útil, sus rituales nos enseñan a abrazar las crisis, que nos llevan a nuevos lugares donde encontrar un propósito más alto y un nuevo significado. Todo dolor contiene una bendición.
Su cosmovisión coloca entre los seres más evolucionados a los árboles. Los humanos estamos por debajo de las rocas porque nuestro ego nos impele a destruir.
Un ritual de los Dágara consiste en escuchar el vientre de la madre para saber qué don trae ese niño.
¿Cuál era el suyo?
Reavivar los rituales en mi cultura y difundirlos. Pero salir de mi comunidad para compartir nuestra sabiduría fue como morir. Me casaron con un constructor de puentes que vivía en EE.UU. y que había crecido con los jesuitas.

¿Vivió con un extraño?
Doce años. Él era muy contenido y yo no tenía sentimiento de culpa, era muy libre. Nos divorciamos; fue el primer caso en mi cultura, un trauma para toda la comunidad.

¿No sería mejor que cada cual eligiera a su pareja?
Para eso debes saber quién eres y qué quieres en la vida. Para nosotros el fundamento de una relación no es el enamoramiento, sino el respeto al espíritu de cada uno y al espíritu de la relación, ya que cuando dos personas se juntan aparece un nuevo don con un espíritu propio que guía la relación.

¿Y qué es el espíritu?
La luz que nos guía, la fuerza vital que existe en todo, lo que hace que cada mañana nos sintamos ilusionados al despertar.

¿Cuáles son esas tradiciones de su pueblo que debe transmitir?
La primera es la comunidad, algo vital para el bienestar de cada persona. Pese a que todavía arrastro las consecuencias de la desnutrición, mi infancia fue maravillosa: vivía rodeada de cientos de niños con los que jugar, con los que correr desnuda, libremente. Lo compartimos todo, y eso da mucha alegría.

Incluidas las madres.
Sí, tienes cientos de madres, de padres y de hermanos. Entre los Dágara no existen problemas privados, todo se resuelven en el seno de la comunidad, incluidos los de pareja.

Curioso.
Un problema personal o de pareja pone de manifiesto que el tejido de la comunidad no funciona. Cuando profundizas en el problema de esa relación te das cuenta de que lo que les pasa a ellos es también cosa tuya, así que trabajarlo comunitariamente sana también los sentimientos de todos.

Muy sabio.
Ante un problema, un individuo no tiene la distancia necesaria para comprender su origen y hallar la solución. Para resolverlo hacemos un círculo de cenizas donde se sitúa la pareja. Lo primero es escuchar, y si alguien percibe que está juzgando o tomando partido, entra en el círculo. Poniendo luz en la sombra se llega a la sanación. En mi tradición el conflicto es bueno, permite darte cuenta de que la relación sigue viva.

¿No es agobiante que los otros estén tan metidos en tu vida?
Los secretos, el resentimiento y el malestar es lo que acaba matando las relaciones, por eso en cuanto alguien percibe que estás mal te pregunta qué te pasa.

¿Y si le contestas que nada?
Una a una, cada persona de la comunidad vendrá a preguntártelo. Las crisis se resuelven abrazándolas. Toda pareja necesita una comunidad saludable en la que apoyarse, porque si no su mundo se va encogiendo. Y tenemos la costumbre de que cuando una pareja se casa, todas las demás lo hacen de nuevo renovando su compromiso de amor.

¡Qué bonito!
Los rituales son para nosotros comida para el alma, limpian las relaciones y movilizan tu capacidad de apertura ante lo que va a suceder, evitando así que interfieras en el proceso. Hay que reconocer que no tenemos ningún poder sobre el devenir.

¿Cómo organizan sus casas?
Está la gran habitación, donde duermen las mujeres, y la de los hombres. Por la noche, rodeada de tus hermanas y madres, hablas de las cosas que han pasado durante el día, y eso ayuda y reconforta mucho.

¿Relaciones fuera de la pareja?
Si los dos están de acuerdo… No tememos relacionarnos, hablar, y hacemos muchas bromas para mantener la alegría.

¿Cómo descubrir tu don?
Por medio de los rituales. Y en la vida vas conociendo a las personas adecuadas que te ayudarán a recordarlo, es como si cada una de ellas tuviera una pieza del puzle que eres. Ponga atención a lo que le resulta más difícil, contra lo que debe luchar. Cuando te liberas de esa lucha, encuentras el regalo.

¿Cómo entienden la muerte?
Para nosotros la vida es muerte y la muerte es vida: un ciclo continuo. En los entierros cada individuo de la comunidad escenifica la historia que personalmente conoce del difunto, y así lo que hizo queda más vivo.

¿Qué hay que comprender?
Cada uno debe apreciar lo que es como persona, eso ayuda a soltar lo que te oprime. Al amanecer, mi abuela siempre nos pedía que buscáramos tres cosas positivas sobre nosotras mismas y al acostarnos, tres cosas que agradecer de lo ocurrido ese día: se trata de un recordatorio constante de quién eres.

¿Cómo ayudar a los niños a descubrir su don?
Basta con no traspasarles nuestras heridas para que el don llegue intacto a la madurez y pueda entonces mostrarse.

Ima Sanchís.  Foto: Kim Manresa
 


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