8 de abril de 2015

TROPEZÓ CON UNA PIEDRA Y CONSTRUYÓ UN PALACIO.

¡A veces, tropezar con una piedra no es nada malo!

La vida es compleja pero también es muy sabia.
Muchas veces, son los pequeños detalles los que actúan como detonante y hacen que algo despierte dentro de nosotros.

Esto es lo que le ocurrió a Ferdinand Cheval en abril de 1879. 

Un cartero francés de 43 años, que tropezó con una piedra mientras hacía su reparto diario. Cheval cogió la pequeña roca y la guardó.
Una alocada idea comenzó a tomar forma en su interior.
Recogería piedras similares a la que se cruzó en su camino y, con ellas, construiría con sus propias manos el palacio de sus sueños.

Los siguientes 33 años, el cartero aprovechó su ruta diaria de más de 20 kilómetros para recoger piedras y llevarlas a su casa.
Al principio las transportaba en sus bolsillos, luego en una cesta y finalmente en una carretilla.

Los vecinos lo consideraban una especie de ‘loco del pueblo’, pero en 1912 todos se quedaron asombrados cuando dio por finalizado el ‘palacio ideal’, uno de los máximos exponentes del arte marginal.

Cheval pasó las dos primeras décadas levantando los muros exteriores del palacio donde  mezcló estilos con inspiraciones bíblicas y de la mitología hindú.

Un palacio único en el mundo.
Su obra ha servido de inspiración para otros artistas como por ejemplo Pablo Picasso.
El Idealista






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