3 de junio de 2015

LA CONEXIÓN ESPIRITUAL DE LA PRINCESA DE NORUEGA.

De niña, a la princesa Marta Luisa de Noruega le costó dar sentido al don de clarividencia que poseía. 

En esta entrevista nos cuenta cómo la visita de un ángel provocó en ella un despertar espiritual y le abrió las puertas a un nuevo mundo.
Eres la hija mayor del rey Harald V y de la reina Sonia de Noruega. Háblame de tu infancia.


Me crié junto a mi hermano Haakon, dos años menor que yo, en una gran residencia a las afueras de Oslo, a media hora de distancia de la ciudad.
Se trataba de una vida repleta de obligaciones oficiales, pero según puedo recordar, me sentía diferente. Yo era hipersensitiva a las personas y podía percibir sus emociones. 
Recuerdo que un día estaba charlando con una mujer y de repente sentí una aguda punzada en la cadera. La mujer me comentó entonces que le dolía la cadera.
En otra ocasión, cuando tenía siete años, me levanté y le dije a una señora de mediana edad: “no esté triste, todo va a ir bien con su marido”. Ella rompió a llorar y me confesó que tenía problemas en su matrimonio.
Fue por aquel entonces cuando comprendí que era diferente puesto que sabía de manera intuitiva cosas que otras personas desconocían.
¿Cómo encajaste ese don?
No podía integrarlo, estaba desbordada por tanta información y acababa exhausta. Me sentía sola y triste gran parte del tiempo, confusa por el contraste entre lo que las personas decían y lo que yo percibía de ellas.
Así que a los siete años de edad tomé la determinación de cerrarme y desconectarme, de modo que sólo pudiera escuchar lo que los demás decían y no lo que sentían.
Pero cuando tenía ocho años empecé a practicar equitación, y eso me salvó la vida. Tenía un caballo marrón llamado Monty con el que compartía una fuerte conexión espiritual.
Era capaz de comprender sus emociones y sabía intuitivamente si él estaba contento, apenado o si algo iba mal.
Bastaba con que pensara hacia qué lado quería que se dirigiese el caballo, para que él girara en esa dirección.
Este animal mantuvo activa la conexión espiritual conmigo incluso después de que yo la desactivase con las personas. Los caballos no sabían que yo era una princesa y si lo hacía bien era porque estaba siendo fiel a mí misma.
¿Consideras que todos poseemos la habilidad de captar las energías ajenas?
El percibir la energía es natural para todo el mundo, aunque alrededor del 20 % de la población es hipersensitiva.
Conforme vamos creciendo, muchos de nosotros dependemos del cerebro para interpretar el mundo, desconectándonos así de nuestro verdadero ser.
¿Te resultó difícil reprimir esa faceta de ti misma al crecer?
Bueno, continué cultivando mis inquietudes espirituales.
A partir de los 14 años leí multitud de libros espirituales; todo lo que escribía Paulo Coelho, Doreen Virtue y Las nueve revelaciones de James Redfield.
Más adelante, cuando tenía 16 años, durante unas vacaciones en Oxford, una buena amiga me presentó a un sanador que afirmó que yo tenía capacidades sanadoras.
También recuerdo una escena de mi infancia en la que, a la edad de 7 años, ponía las manos sobre mi niñera, quien padecía un traumatismo cervical, y le aliviaba el dolor. Todos solían pedirme que les diera un masaje porque mis manos sabían de forma instintiva cuál era el lugar exacto que necesitaba sanación.
En 1993, a los 22 años, comencé mi formación de fisioterapeuta y me trasladé a Holanda para trabajar en las unidades de rehabilitación hospitalarias.
Un día, mientras estaba ejerciendo como fisioterapeuta en el Hospital Universitario de Maastricht, cogí al azar un libro sobre los ángeles.
Cuando llegué a casa por la noche, me senté en mi apartamento a meditar sobre los ángeles y quedé abrumada por una sensación amorosa.
Supe entonces que mi ángel de la guarda estaba allí conmigo.
No vi nada. Simplemente noté esta oleada de amor y me di cuenta de que a menudo me había acompañado a lo largo de los años.
Hacía falta que yo reconociese esta energía y la tomara en serio.
Da la impresión que este momento supuso un auténtico punto de inflexión para ti.
Así es; empecé a escuchar a los ángeles y descubrí que me había impedido a mí misma ser fiel a mi verdadero yo.
Debido a la exposición mediática que sufría, había pasado la vida intentando encajar en determinados parámetros. Sin embargo, en mi fuero interno sentía que todo era una pantomima y que en realidad yo no era una buena persona.
La mayor parte de mi vida me he sentido bastante insegura, pero cuando descubrí a los ángeles me percaté que en mi esencia se hallaba un inmenso amor con el que había temido contactar.
El amor universal —puedes llamarle Dios si quieres— es el centro al que todos estamos ligados.
Todo el mundo tiene un ángel de la guarda acompañándole desde el día de su nacimiento hasta el día de su muerte. Además, hay otros ángeles a nuestro alrededor a los que recurrir para que nos ayuden a diario.
Todos poseemos una chispa divina a la que podemos acceder. Los niños lo hacen de manera intuitiva, aunque al hacernos mayores, conforme nuestras vidas se van cargando de ocupaciones y de tensiones, perdemos la habilidad de conectarnos con lo divino.
Además de tu pareja y vuestros tres hijos, con quienes vives en Londres, hay otra persona tremendamente importante en tu vida: Elisabeth Nordeng, tu socia.
Sí, yo deseaba descubrir por qué me sentía así, por qué era hipersensitiva y si todo esto significaba algo.
De modo que un año después de casarme, cuando todavía residía en Noruega, me apunté a un curso de clarividencia en una academia holística de Oslo. Elisabeth era una de las compañeras de estudios.
Durante los primeros dos años no entablamos conversación alguna; parecía que hablábamos idiomas diferentes.
Pero hacia el final del curso, en 2005, comenzamos a charlar sobre ángeles y conectamos. Fue como si los ángeles nos hubieran reunido y de repente nos comprendiéramos mutuamente.
Ambas éramos sumamente sensitivas, veíamos las energías que emanaban de las personas, podíamos percibir las verdades no pronunciadas y teníamos la capacidad de sanar con las manos. Nos dimos cuenta de que cada una complementaba a la otra y de que queríamos compartir nuestro don con otras personas.
De modo que pusisteis en marcha un centro de terapias alternativas, La Inspiración Astarte.
Efectivamente, organizamos cursos de tres años de duración centrados en el trabajo energético y en la sanación, cursos en los que los ángeles desempeñan un papel importante a muchos niveles. Según vamos haciéndonos mayores, muchas personas ignoramos nuestra habilidad intuitiva innata o bien la reprimimos y damos prioridad al uso de nuestra mente.

Has sido objeto de críticas en Noruega por tu trabajo en el ámbito de las terapias alternativas; incluso un periódico ha solicitado que renuncies a tus títulos como miembro de la realeza. ¿Tu familia apoya tu vocación espiritual?
Mi padre ha comunicado oficialmente que él no está necesariamente de acuerdo con todo lo que hacen sus hijos, pero que lo más importante es que sepamos que nos quiere.
¿Cuál consideras que es el propósito espiritual de la vida?
Creo que somos almas que venimos a la Tierra una y otra vez para aprender determinadas lecciones espirituales.
Nuestro propósito consiste en integrar nuestras almas, que están conectadas a la esencia divina, y expandir el amor en nosotros mismos y hacia los demás.
Creo en las vidas pasadas.
Pero el pasado no es lo importante, lo que realmente importa es el presente. Con el pasado ya no podemos hacer nada, mientras que podemos elegir qué queremos hacer ahora y si deseamos mantener los viejos patrones o preferimos cambiar.
Aprovecha el ahora porque este preciso instante es el momento más precioso que posees.
Cuando el intelecto asume el mando y se convierte en el amo de la situación, nos extraviamos en nuestro sendero espiritual porque no estamos conectados con la esencia divina en el plano espiritual, y perdemos entonces la conexión que nos completa y nos da felicidad.
El corazón y el intelecto deberían colaborar al unísono.
RUH.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Quieres comentar sobre el Blog?